Exorcismos

Por medio de los exorcismos, “la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del maligno y sustraída a su dominio”. Jesús mismo, tal como nos narran los Evangelios, los practicó y “de él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar” (CCE 1673). Si bien el más genuino contexto para comprender los exorcismos es el del bautismo, puesto que este “significa la liberación del pecado y de su instigador, el diablo” (CCE 1237).

En el catecumenado bautismal, son tres los momentos en los que se suceden los exorcismos. El primero de ellos en el rito de entrada en el catecumenado. En este caso, el exorcismo iría muy unido a la renuncia a los cultos paganos (RICA 78-82). El segundo de los casos es el de los denominado “exorcismos menores” durante el tiempo del catecumenado, propiamente dicho.

Con estos ritos litúrgicos, “se ayuda a los catecúmenos en su camino y son purificados paulatinamente y sostenidos con la bendición divina” (RICA, “Observaciones previas” 19). Son formulados “de modo deprecatorio y positivo” (ya no están presentes las fórmulas imperativas) y muestran “la verdadera condición de la vida espiritual, la lucha entre la carne y el espíritu, la importancia de la renuncia para conseguir las bienaventuranzas del reino de Dios y la necesidad constante del auxilio divino” (RICA 101). Estos exorcismos pueden ser “celebrados por el sacerdote o por el diácono, o también por un catequista digno y apto, designado por el obispo para este ministerio” (RICA 109).

El tercer momento de los exorcismos tiene lugar en el tiempo de la purificación y de la iluminación. En esta ocasión los exorcismos van estrechamente unidos a los escrutinios, puesto que el objeto de estos es “purificar las almas y los corazones, proteger contra las tentaciones, rectificar la intención y mover la voluntad, para que los catecúmenos se unan más estrechamente a Cristo y prosigan con mayor decisión en su esfuerzo por amar a Dios” (RICA 154). Si son tres los escrutinios que se celebran, se trata de impregnar la mente del sentido de Cristo redentor, “que es agua viva, luz, resurrección y vida” (RICA 157), “los domingos tercero, cuarto y quinto de la Cuaresma” (RICA 159) son tres los exorcismos que acompañan este itinerario.

Bibliografía

J. B. Cortés, “Exorcismos y liturgia”, en D. Sartori y A. M Triaca, Nuevo diccionario de liturgia, Paulinas, Madrid 1987, 801-825.

Adolfo Ariza Ariza