Mandamientos

El “decálogo” que Dios entregó a Moisés en el Sinaí (Ex 20,2-17; Dt 5,6-21) expresa la alianza de vida, amor y libertad entre Yahvé e Israel. Los mandamientos moldean la conciencia del pueblo judío y la del mundo, pues están grabados en el corazón humano (CCE 2072). Jesús cumple los mandamientos y los lleva a cumplimiento (Mt 5,17). Él condensa toda la ley en un único precepto: el amor a Dios y al prójimo (Mt 22,37-39). El amor deja de ser así un “mandamiento” para ser la respuesta al don del amor que viene de Dios y se extiende a todos los órdenes (DCE 1). Jesús propone las bienaventuranzas como los “nuevos mandamientos”.

En la catequesis, los mandamientos:

  • Están presentes en el proceso formativo del cristiano. Aparecían ya en los inicios del catecumenado antiguo y no han dejado de ser expuestos en los distintos catecismos y en el Catecismo de la Iglesia católica.
  • Constituyen, junto con el credo, los sacramentos y el padrenuestro, uno de los cuatro pilares de la catequesis.
  • Son un elemento esencial de la educación de la conciencia moral. De ellos se extraen indicaciones concretas para actuar como cristianos en los diversos ámbitos de la vida cotidiana y para construir un mundo más justo (CF 131; DC 84).
  • Forman parte del lenguaje básico de la fe de la Iglesia, y los catequizandos  deberían “recordarlos”, guardarlos en la memoria y en el corazón (CT 55).
  • Configuran la identidad del catequista. Este, para ejercer su ministerio con fidelidad y madurez, debe haber hecho una opción de fondo por cumplirlos y vivirlos con gozo (CF 86).

El cristiano cumple la ley de Dios con generosidad, alegría y libertad, sin ver en ella una carga insoportable, porque el Espíritu Santo, que habita en él, lo mueve a ello.

Bibliografía

Benedicto XVI, carta encíclica Deus caritas est sobre el amor cristiano (25 de diciembre de 2005); Francisco, Catequesis sobre los mandamientos, 2018.

José Vidal Novoa