Obispo

La misión que Jesucristo encomendó a sus apóstoles ha de extenderse hasta el final de la historia, pues el Evangelio que les encargó que transmitieran es la vida para la Iglesia y, a través de ella, para el mundo. Esa es la razón de que los apóstoles se encargasen de instituir sucesores que trataran de conservar la tradición apostólica a lo largo de la historia (Juan Pablo II, Pastores gregis 6). Desde los orígenes, el ministerio eclesiástico (cuya tarea es servir en nombre y en representación de Cristo cabeza en medio de la comunidad) fue conferido y ejercido en tres grados: el de los obispos, el de los presbíteros y el de los diáconos. Las afirmaciones fundamentales sobre el episcopado están recogidas en el capítulo tercero de Lumen gentium del Vaticano II. Siguiendo al profesor Richi, podemos sintetizarlas así:

  • Los apóstoles han sido instituidos por Cristo como colegio estable con Pedro como su cabeza.
  • Los obispos son sucesores de los apóstoles por institución divina.
  • La ordenación episcopal confiere la plenitud del sacramento del orden y, con ella, los oficios de santificar, enseñar y gobernar.
  • Los obispos, junto con el Romano Pontífice como cabeza, constituyen un único colegio.
  • Los presbíteros, que por la ordenación sacramental participan en el sacerdocio de Cristo, son colaboradores de los obispos.

La tarea propia del obispo es el cuidado pastoral de una Iglesia particular, pero es constituido como tal por la admisión en el colegio episcopal y, por tanto, dedicado a las exigencias de la comunión y de la Iglesia universal. Ejerce el gobierno en su Iglesia por el hecho de presidir la eucaristía y predicar el Evangelio con la garantía apostólica. En virtud de la consagración, los obispos tienen potestad propia, ordinaria e inmediata. No son, por tanto, delegados del Papa, sino que, en virtud de la sacramentalidad de su ministerio, participan en el triple ministerio de Cristo: sacerdote, profeta y rey.

El obispo, como maestro de la fe y heraldo de la Palabra, es el primer predicador del Evangelio con la palabra y el testimonio de su vida. Por eso mismo, el Directorio para la catequesis pide al obispo, entre otras cosas, una seria preocupación por la catequesis, elaborando un proyecto global de la misma, procurando una buena formación de los catequistas y con una supervisión de los materiales catequéticos.

Bibliografía

G. Richi, La Iglesia somos nosotros en Cristo, Encuentro, Madrid 2016, 281-314; Juan Pablo II, exhortación apostólica postsinodal Pastores gregis sobre el obispo servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo (16 de octubre de 2003); R. Blázquez, J. M. Soler y O. G. de Cardedal, El obispo en la Iglesia. Una meditación, San Pablo, Madrid 2002, 67-221.

Avelino Revilla Cuñado