Presbítero

De acuerdo con el Vaticano II, podemos afirmar que Cristo, enviado por el Padre, mandó a los apóstoles y ha hecho posible que los sucesores de estos, los obispos, participen de su consagración y misión. La función ministerial de los obispos fue encomendada, en grado subordinado, a los presbíteros, para que, constituidos en el orden del presbiterado, fueran los colaboradores del orden episcopal y así realizar adecuadamente la misión apostólica confiada por Cristo (PO 2).

El presbítero, mediante la consagración que recibe en el sacramento del orden, es enviado por el Padre, por medio de Jesucristo, con el cual, como cabeza y pastor de su pueblo, se configura de un modo especial para vivir y actuar con la fuerza del Espíritu Santo al servicio de la Iglesia y por la salvación del mundo (PDV 12). Los presbíteros son, en la Iglesia y para la Iglesia, una representación sacramental de Jesucristo, cabeza y pastor. De este modo, proclaman con autoridad su palabra; renuevan sus gestos de perdón y de ofrecimiento de salvación, principalmente con el bautismo, la penitencia y la eucaristía; ejercen, hasta el don total de sí mismos, el cuidado amoroso del rebaño, al que congregan en la unidad y conducen al Padre por medio de Cristo en el Espíritu. En una palabra, los presbíteros existen y actúan para el anuncio del Evangelio al mundo y para la edificación de la Iglesia, personificando a Cristo, cabeza y pastor, y en su nombre (PDV 15).

El presbítero se inserta sacramentalmente en la comunión con el obispo y con los otros presbíteros para servir al pueblo de Dios. Los presbíteros son, como el obispo, partícipes del ministerio apostólico por voluntad de Jesucristo, con participación en su triple función profética, sacerdotal y real. Poseen la misma potestad que el obispo en lo que se refiere tanto al anuncio del Evangelio como a la celebración de los sacramentos y a la edificación permanente de la Iglesia. Lo que el obispo es respecto de su diócesis lo es el presbítero respecto de su parroquia: el signo visible y eficaz de Cristo, cabeza de la Iglesia. El presbítero, como educador en la fe, en comunión y colaboración responsable y necesaria con el ministerio del obispo, tiene la responsabilidad de animar, coordinar y dirigir la actividad catequística de la comunidad cristiana que le ha sido confiada (DC 115).

Bibliografía

E. Bueno, Eclesiología, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1998, 185-207; G. Richi, La Iglesia somos nosotros en Cristo, Encuentro, Madrid 2016, 281-314.

Avelino Revilla Cuñado