Redemptoris missio

Mediante esta carta encíclica, Juan Pablo II invita a la Iglesia en 1990 “a un nuevo compromiso misionero”, venciendo obstáculos y dificultades internas (RM 2) y externas que habían debilitado el impulso misionero. El desaliento había cundido entre los evangelizadores, debido a cambios de perspectiva en el modo de enfocar la actividad misionera. Los nuevos tiempos y generaciones, apoyados en modernos pronunciamientos doctrinales, dieron un vuelco a los métodos misionales tradicionales. Añádase a esto la insistencia con que algunos teólogos y pastoralistas de la misión hablan del reino de Dios como contrapuesto a la Iglesia; y del Logos interviniendo directamente en la acción salvífica de las religiones no cristianas, excluyendo la necesidad de que se les anuncie a Jesucristo.

Redemptoris missio es una llamada a la urgencia y responsabilidad de la evangelización universal. En los tres primeros capítulos, aclara conceptos teológicos que, de no ser entendidos adecuadamente, podrían “debilitar el impulso misionero” (RM 2): Cristo, único salvador (primer capítulo), el reino de Dios (segundo capítulo), la acción del Espíritu Santo (tercer capítulo). Los capítulos siguientes presentan las nuevas situaciones de la misión (cuarto capítulo); los caminos de la evangelización (quinto capítulo); responsables y agentes de la actividad misionera (sexto capítulo); la cooperación concreta (séptimo capítulo); y la espiritualidad misionera (octavo capítulo).

Dentro de la misión única de la Iglesia, el documento establece una triple tipología de situaciones: primero, la acción pastoral en comunidades cristianas bien consolidadas; segunda, la misión ad gentes allí donde aún no se ha proclamado el Evangelio; y, finalmente, la nueva evangelización en países de antigua cristiandad, donde se ha perdido el sentido de la fe y las exigencias del Evangelio (RM 33).

En el primer capítulo, la encíclica trata de un modo especial la función de Cristo en la salvación del mundo. Juan Pablo II enfatiza que solo en Jesús puede alcanzar para el hombre la salvación, pues esta pertenece exclusivamente a la acción soberana de Dios en Cristo. Rechaza con energía cualquier separación entre el Verbo y Cristo, ya que es contraria a la fe cristiana cualquier separación (RM 6). Asimismo, aborda el tema del reino de Dios, que no puede ser separado de Jesús ni de la Iglesia (RM 17-18), la cual es presentada como una “fuerza dinámica en el camino de la humanidad hacia el reino escatológico” (RM 20).

La encíclica muestra algunos temas que deben ser presentados con especial atención en la catequesis. El primero, y más importante en esta época de pensamiento débil, es acentuar la gran verdad de Jesucristo, único y absoluto salvador del mundo. Y, junto con este tema, poner un más firme acento en la importancia de un testimonio veraz, visible y rotundo, que anime a experimentar la salvación que se nos otorga en Cristo.

Y junto con esta dimensión del testimonio, una catequesis kerigmático-catecumenal habrá de poner bases firmes que posibiliten que los catequizandos se conviertan en testigos y misioneros, como bautizados y miembros de la Iglesia.

Bibliografía

J. López Gay et al., Haced discípulos a todas las gentes. Comentarios y texto de la encíclica “Redemptoris missio”, Edicep, Valencia 1991; P. Chioccheta, A. Wolanin y J. Galot, Cristo, Chiesa, missione. Commento allá “Redemptoris missio”, Estudia Urbaniana Press, Roma 1992; VV. AA., La misión del año 2000. Interpelaciones de la encíclica “Redemptoris missio”. Semana de Misionología de Burgos, Burgos 1993.

Miguel Ángel Medina