Bendiciones

Para comprender la realidad de las bendiciones en el ámbito de la iniciación cristiana y la catequesis es necesario partir de lo que entiende la Iglesia por sacramentales. La constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II nos recuerda que los sacramentales fueron instituidos por la Iglesia, expresan efectos espirituales obtenidos por la intercesión de la Iglesia y que por ellos los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida (SC 60; CCE 1670). Como en los sacramentos, también en los sacramentales los fieles son santificados “por la gracia divina que emana del misterio pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, de quien reciben su poder los sacramentos y los sacramentales” (SC 61).

En el ámbito de la iniciación cristiana, el catecumenado y la catequesis las bendiciones tienen su lugar originario entre los ejercicios durante el tiempo del catecumenado, que es entendido “como un tiempo prolongado, en el que los candidatos reciben la instrucción pastoral y se ejercitan en un modo de vida apropiado, y así se les ayuda para que lleguen a la madurez las disposiciones de ánimo manifestadas a la entrada” (RICA, “Observaciones previas” 19).

En las bendiciones “se muestra la caridad de Dios y la solicitud de la Iglesia”. A través de las bendiciones, los catecúmenos, que “todavía carecen de la gracia de los sacramentos”, reciben “al menos de la Iglesia ánimo, gozo y paz en la prosecución de su esfuerzo y de su camino” (RICA 102). Estas bendiciones “pueden ser dadas por un sacerdote o por un diácono, o también por un catequista, los cuales, extendiendo las manos sobre los catecúmenos, pronuncian algunas de las oraciones” (RICA 119). Algunas de estas bendiciones se hallan recogidas en los números 121-124.374 del Ritual de la iniciación cristiana de adultos.

Bibliografía

M. Sodi, “Bendición”, en D. Sartori y A. M Triaca, Nuevo diccionario de liturgia, Paulinas, Madrid 1987, 210-230.

Adolfo Ariza Ariza