La concienciaLa conciencia es ese lugar que hay en lo más íntimo de una persona (GS 16), por lo que puede conocer lo que está bie... Más es ese lugar que hay en lo más íntimo de una persona (GS 16), por lo que puede conocer lo que está bien y lo que está mal y, al mismo tiempo, juzgar las propias obras. La concienciaLa conciencia es ese lugar que hay en lo más íntimo de una persona (GS 16), por lo que puede conocer lo que está bie... Más se ha de guiar por el entendimiento y ha de mover a la voluntad para realizar el bien y evitar el mal. Todo ser humano lleva inscrita en su conciencia la ley natural, que la tradición judeocristiana considera expresada en el decálogo.
Dado que el pecado original y nuestros propios pecados oscurecen el juicio de la conciencia y también lo desvían, esta tiene que ser iluminada con la luz de la fe. Gracias a la fe, somos capaces de reconocer la voz con la que el Señor nos habla y, de esta manera, conocer lo que realmente es verdadero y justo. Impulsados y sostenidos por la gracia, podemos obrar rectamente y, asimismo, conocer y reconocer lo que está mal y resistirnos a llevarlo a cabo.
El ser humano, aunque está herido por el pecado, sigue siendo capaz de obrar el bien por voluntad propia y también de evitar el mal y combatirlo. En consecuencia, para que una persona actúe meritoria y justamente, debe hacerlo libremente. De ahí que nadie pueda ser obligado a obrar en contra de su conciencia (CCE 1782); y, al mismo tiempo, toda persona que actúa libremente ha de estar dispuesta a responder de sus actos y a asumir las consecuencias de estos (CCE 1781). Ayuda a conseguirlo la práctica cotidiana del examen de conciencia (CCE 1785).
Aunque la conciencia del ser humano, como hemos dicho, lleva inscrita la ley natural y Dios no deja nunca de hablar en lo más profundo de ella, para que una persona conozca el bien y pueda juzgar sus obras rectamente, es, asimismo, necesario educar la conciencia (CCE 1783) y librarla de posibles errores (CCE 1793). Es bueno, pues, enseñar, desde la infancia, qué es lo que está bien y qué es lo que está mal; qué debemos hacer y qué debemos evitar (DC 239-240). En definitiva, es necesario educar para vivir en libertad (CCE 1784), de manera que la persona no se vea arrastrada por las pasiones y los vicios, ni limitada por la ignorancia.
“La tarea catequética de educar en la vida buena del Evangelio“Entre los escritos del Nuevo Testamento sobresalen los evangelios, por ser el testimonio principal de la vida y la do... Más implica la formación de la conciencia moral, con el fin de que en toda circunstancia el creyente pueda escuchar la voluntad del Padre y discernir, bajo la guía del Espíritu y de acuerdo con la ley de Cristo (Gal 6,2), el mal que ha de evitar y el bien que ha de hacer, por medio de una caridad activa” (DC 84). En efecto, la Iglesia ha de ayudar, mediante la catequesis y gracias al testimonio y buen ejemplo de los miembros de cada comunidad (empezando por la familia), a que los que están siendo iniciados se abran al Espíritu Santo y se dejen iluminar por la luz de la VerdadLa filosofía ha definido clásicamente la verdad como “adecuación de la inteligencia con la realidad”, en cuanto q... Más, que es la que nos hace libres (Jn 8,32); y, encendidos por el fuego de su amor, el comportamiento, privado y público, de cada uno esté movido, en todo momento y circunstancia, por la caridad, alma de todas las virtudes.
Bibliografía
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Carlos Aguilar Grande