Evangelio

“Entre los escritos del Nuevo Testamento sobresalen los evangelios, por ser el testimonio principal de la vida y la doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador. La Iglesia siempre y en todas partes ha mantenido y mantiene que los cuatro evangelios son de origen apostólico” (DV 18).

El término “evangelio” procede de una palabra griega (“euaggélion”) que significa ‘buena noticia’. Tanto en el ámbito del mundo helenístico como en la tradición judía esta palabra era habitual en el lenguaje coloquial, y con ella se hacía referencia a todo tipo de buenas noticias. Tanto el sustantivo “evangelio” como el verbo “anunciar buenas noticias” fueron usados muy pronto por los discípulos de Jesús para referirse al mensaje que proclamaban como anuncio de salvación. Si bien en las cartas de Pablo el Evangelio era, ante todo, un anuncio de salvación centrado en Jesucristo, hay otros textos del naciente movimiento cristiano en el que el término “Evangelio” hace referencia al mensaje anunciado “por” Jesús. El contenido de este anuncio es la llegada del reino de Dios. Jesús ha entendido su mensaje sobre el reino de Dios que viene, y que está presente en su palabra y en su obra, como la buena noticia. Pero esta buena noticia no se puede separar del mensajero que la proclama y este mensajero es el mismo Jesús. A su vez, Jesús es también el contenido de quien comunica este mensaje. No es de extrañar, pues, que la Iglesia cristiana, ya en sus comienzos, haya tomado el término “Evangelio” para presentar de forma sintética el mensaje de salvación que trae Jesús.

En torno a la segunda mitad del siglo II, el término “Evangelio” comenzó a generalizarse para referirse a los textos escritos sobre Jesús. Se llamaban evangelios a los libros que contenían la “buena noticia” de Jesucristo y sobre Jesucristo. La designación de un escrito como “evangelio según” quería decir que dicho escrito contenía el anuncio de salvación sobre Jesús, llevando implícita la pretensión de que poseía autoridad y debía, por tanto, ser leído con veneración. El valor y la importancia que las primeras comunidades cristianas otorgaron a los cuatro evangelios canónicos se observa, sobre todo, en el hecho de que acabaron designándolos con la palabra utilizada para referirse a la predicación de Jesús, reconociendo así que estos libros contienen el Evangelio.

Bibliografía

Pontificia Comisión Bíblica, La inspiración y la verdad de la Sagrada Escritura, 84-90; S. Guijarro, Los cuatro evangelios, Sígueme, Salamanca 2021.

Avelino Revilla Cuñado