Neófito

Un cristiano se inicia en la vida de fe a través del proceso de iniciación cristiana integrado por el catecumenado bautismal y por la recepción de los sacramentos de la iniciación cristiana. El catecumenado bautismal está dividido en tres grados: rito de entrada en el catecumenado (RICA 68-97), rito de elección o inscripción del nombre (RICA 133-151), celebración de los sacramentos de iniciación (RICA 27-36.208-234); que dan lugar a cuatro tiempos o etapas: tiempo del precatecumenado (RICA 9-13), tiempo del catecumenado (RICA 14-20.98-132), tiempo de purificación e iluminación (RICA 21-26.152-207) y tiempo de la mistagogía (RICA 37-40.235-239).

Habitualmente, a los que no han recibido los sacramentos de iniciación y recorren el itinerario catecumenal se los llama “catecúmenos”; mientras que a los que están bautizados y siguen una catequesis de inspiración catecumenal se los llama “catequizandos”. No obstante, esta terminología genérica halla diversas concreciones en cada etapa que marca el Ritual de la iniciación cristiana de adultos. Los que siguen el precatecumenado se los llama “simpatizantes” (RICA 12); a los que siguen el tiempo del catecumenado, propiamente dicho, “catecúmenos” (RICA 17.99); a los que siguen el tiempo de purificación e iluminación, “elegidos” o “competentes” (RICA 24); y a los que han recibido el bautismo e inician el tiempo de la mistagogía, “neófitos” (RICA 37).

Tiene interés que nos centremos en los neófitos, porque, en cierto modo, todos los catequizandos lo son; y porque, al acompañarlos, la misma comunidad cristiana se renueva. Los neófitos son aquellos que, habiendo sido bautizados, participan del misterio de Cristo a la espera de entrar en comunión con él en la celebración de la eucaristía (RICA 36). Los neófitos son tales a lo largo del tiempo de la mistagogía, el cual se extiende a lo largo de la cincuentena pascual. En este tiempo, en torno a las “misas para los neófitos” (RICA 40), la comunidad, junto con ellos, a través de la meditación del Evangelio, la participación eucarística, el ejercicio de la caridad, profundizan en el misterio pascual y perciben cómo se manifiesta en su vida (RICA 37).

Bibliografía

C. Floristán, Para comprender el catecumenado, El Verbo divino, Estella 1989, 150-159; J. C. Carvajal Blanco, “El catequista mistagogo, en el seno de una comunidad mistagógica”, en Actualidad catequética 261-262-263 (2019) 185-218; M. Dujarier, Iniciación cristiana de adultos, Desclée de Brouwer, Bilbao 1986, 185-203; Teología y Catequesis, “El catecumenado bautismal, corazón de la misión evangelizadora. En el cincuenta aniversario del RICA”: 157 (2023).

Juan Carlos Carvajal Blanco