Pentecostés

En el judaísmo, originariamente se denominó Pentecostés a la fiesta agrícola de Las Semanas, que se celebraba siete semanas después de comenzada la cosecha (Lev 23,15; Dt 16,9; Tob 2,1; 2 Mac 12,22; 1 Cor 16,8; Hch 20,16); y de ahí pasó a designarse al quincuagésimo día después de la fiesta de la Pascua judía, para conmemorar un acontecimiento histórico: la promulgación de la ley en el Sinaí y la conclusión de la alianza (Ex 19,1-6). Después, en el relato lucano de Hch 2,1 aparece señalado Pentecostés como el día del descenso del Espíritu Santo sobre los apóstoles a los cincuenta días de la resurrección del Señor, acompañado por fenómenos cósmicos similares a algunas teofanías del Antiguo Testamento, que tienen como protagonista al fuego (Ex 3,1), además del milagro de las lenguas extranjeras.

La efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles el día de Pentecostés se considera el cumplimiento de la promesa hecha por Jesucristo durante su vida pública: “Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad” (Jn 14,16-17; Hch 1,5). Se inauguran “los últimos tiempos”: el tiempo de la Iglesia (CCE 732). Se trata, por tanto, del final de la obra salvadora del Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, y el comienzo de la misión de la Iglesia.

En los primeros siglos se concebía Pentecostés como una gran fiesta prolongada por espacio de cincuenta días: lo que después se denominará “tiempo pascual”. A partir del siglo V, la cincuentena pascual se descompone y deja de ser un periodo de tiempo unitario. Con la palabra “Pentecostés” se refiere solo al colofón del tiempo pascual, a la fiesta del día cincuenta: la venida del Espíritu Santo. La solemnidad litúrgica de Pentecostés, como el domingo de Pascua, comprende varias celebraciones desde la víspera, con lecturas y oraciones propias, e incluye un pregón antes de la proclamación del Evangelio.

Bibliografía

J. Castellano Cervera, El año litúrgico. El memorial de Cristo y mistagogía de la Iglesia, Centro de Pastoral Litúrgica, Barcelona 1994; J. M. Bernal, Para vivir el año litúrgico. Una visión genética de los ciclos y de las fiestas, Verbo Divino, Estella 1997; M. Augé, A través del año litúrgico. Cristo mismo, presente en su Iglesia, Centro de Pastoral Litúrgica, Barcelona 2016.

José Antonio Sánchez