Sacrosanctum Concilium

La constitución Sacrosanctum Concilium es el primer documento aprobado por el Vaticano II. Fue el primer fruto del Concilio porque era el asunto más maduro en aquel momento. Ello fue así gracias a que la Iglesia venía profundizando en el estudio y la actualización de la liturgia desde el movimiento litúrgico, nacido a mitad del siglo XIX con Guéranger, monje benedictino y gran catequista litúrgico. Desde entonces, varios teólogos importantes y el magisterio de la Iglesia fueron abonando el camino hasta la elaboración de este importante documento conciliar.

El Concilio estudió la reforma de la liturgia durante las sesiones de 1962 y de 1963. El día en que se celebraban los cuatrocientos años de la clausura del Concilio de Trento, el 4 de diciembre de 1963, se aprobó por 2147 votos a favor, cuatro en contra y uno nulo.

El documento tiene una introducción, siete capítulos y un apéndice. La introducción explicita los objetivos que persigue el Concilio: “Este sacrosanto Concilio se propone acrecentar de día en día entre los fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio, promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia. Por eso cree que le corresponde de un modo particular proveer a la reforma y al fomento de la liturgia” (SC 1).

El capítulo primero establece los principios generales para la reforma y el fomento de la sagrada liturgia. Tiene cinco secciones: naturaleza de la liturgia, necesidad de formación, normas para la reforma, fomento de la liturgia y de la pastoral litúrgica. Destaca el número 10, cuando afirma que “la liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza”. También sobresale lo afirmado en el número 14, porque invita a todos los fieles a tener una participación “plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas”, para lo cual se cree necesaria una formación de todos los miembros de la Iglesia.

Los siguientes capítulos van indicando las líneas de reforma que el Concilio reclama para responder a los retos de los nuevos tiempos. Así, el capítulo segundo se centra en la eucaristía, el capítulo tercero en los demás sacramentos y sacramentales, el capítulo cuarto en el oficio divino, el capítulo quinto en el año litúrgico, el capítulo sexto en la música sagrada y el último, el séptimo, en el arte y los objetos sagrados.

Es difícil resumir cuáles son todos los grandes cambios queridos por esta reforma, aunque sí es posible destacar algunos de ellos: adaptar la liturgia a los tiempos modernos, buscar la inculturación para adentrarse en la diversidad cultural, formar a los laicos para que puedan participar activamente en las celebraciones, simplificar los ritos, utilizar más la Sagrada Escritura, fomentar el canto y la música sacra y posibilitar el uso de la lengua vernácula.

En resumen, Sacrosanctum Concilium sueña con una liturgia más participativa, pero sin olvidar sus propias raíces ni rechazar su propia tradición.

Bibliografía

J. López Martín, La liturgia de la Iglesia. Teología, historia, espiritualidad y pastoral, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2017, 65-68; M. Augé, Liturgia. Historia. Celebración. Teología. Espiritualidad, Centrp de Pastoral Litúrgica, Barcelona 2015, 47-56; P. Fernández Rodríguez, Introducción a la liturgia. Conocer y celebrar, San Esteban-Edibesa, Salamanca-Madrid 2005, 122-156.

Alberto Para Martínez