Triduo pascual

En el triduo pascual, los cristianos celebramos los misterios de la muerte y resurrección de Jesucristo, culmen de la revelación de Dios y centro de la historia de la salvación. En la celebración del triduo convergen tres pascuas: evocamos la Pascua histórica de Jesús; actualizamos la salvación en la Pascua de la Iglesia, en la eucaristía; contemplamos el cumplimiento definitivo de las promesas de Dios en Jesucristo levantando la mirada hacia la Pascua eterna.

El catecumenado eclesial tiene claramente un carácter pascual. En él, “todo está orientado hacia el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo” (DC 64) a través de un itinerario mistagógico que inicie en la vida litúrgica y ayude a interpretar los ritos “releyendo los misterios de la vida de Jesús, y en particular su misterio pascual” (DC 98). Podemos afirmar que “la comunión con Jesucristo, muerto y resucitado, vivo y siempre presente, es el fin último de toda acción eclesial y, por tanto, también de la catequesis” (DC 426). Por eso, la catequesis “nunca puede ignorar el misterio pascual por el que ha sido concedida la salvación a la humanidad entera” (DC 171), y “presentará el anuncio de la Pascua de Jesús, verdadera juventud del mundo” (DC 253).

En el catecumenado, “verdadera escuela de formación para la vida cristiana” (AG 14), “el tiempo de la mistagogía se abre con la celebración de los sacramentos de iniciación en la vigilia pascual y está caracterizado por una experiencia, cada vez más profunda, de los misterios de la fe y por la inserción en la vida de la comunidad” (RICA 208-239) (DC 63).

Bibliografía

J. Aldazabal, El triduo pascual, Centro de Pastoral Litúrgica, Barcelona 2014; M. García Fernández, De noche iremos. Reflexiones bíblicas sobre el triduo pascual, Sal Terrae, Santander 2023; M. M. Bru, “El RICA y la catequesis parroquial: un desafío pastoral”, en Misión joven 558-559 (2023) 17-28.

José Miguel Núñez