Ad gentes

Ad gentes es el decreto misionero del Vaticano II y debe encuadrarse en el contexto de las cuatro grandes constituciones del Concilio: Lumen gentium, Dei Verbum, Sacrosanctum Concilium y Gaudium et spes. La argumentación de Ad gentes se desarrolla a partir de la afirmación conciliar de que la Iglesia es sacramento universal de salvación (LG 1.9.48; GS 42.45). La misión de la Iglesia es la misma misión de Cristo, la cual deriva de la Trinidad y de los planes salvíficos del Padre, y se realiza bajo la acción del Espíritu Santo. Tiene, pues, dimensión trinitaria, cristológica, pneumatológica y eclesiológica. Se acentúa la naturaleza misionera de toda la Iglesia, sin restar importancia a la vocación misionera específica. El decreto conciliar sigue siendo la base de toda la reflexión teológica actual sobre la misión.

Ad gentes está articulado a partir de un proemio, seis capítulos y una conclusión.

  • En el primer capítulo se presentan los principios teológicos de la acción misionera. En él se manifiesta cómo la Iglesia se inserta en el designado salvador del Padre y en la misión del Hijo y del Espíritu. Fundamentado en la Sagrada Escritura, abunda en textos bíblicos que atestiguan la actividad misionera.
  • El segundo se dedica a la obra misionera de la Iglesia: el testimonio cristiano, la predicación del Evangelio y el catecumenado bautismal, la reunión del pueblo de Dios y la formación de la comunidad cristiana.
  • En el capítulo tercero se señala la importancia y el proceso de construir o implantar las Iglesias particulares: ellas representan a la Iglesia universal; y por ello, también, han sido enviadas a quienes no creen en Cristo y viven en el mismo territorio, para servirles de orientación con el testimonio de la vida de la comunidad.
  • En el cuarto se trata de la vocación y formación espiritual y de los misioneros.
  • En el capítulo quinto se dan normas para una coordinación de la actividad misionera, de manera que se puedan conseguir los fines y efectos propuestos, y todos los misioneros tengan “un solo corazón y una sola alma” (AG25).
  • Finalmente, en el sexto se insta a la cooperación por parte de todas las vocaciones e instituciones eclesiales.

Entre las líneas o ideas más reseñables para una catequesis misionera, podemos destacar las siguientes:

  • A todos los cristianos, sin excepción, “incumbe el deber de propagar la fe según su condición” (AG5), deber que tienen que cumplir primero los obispos, presididos por el Papa, con la oración y cooperación de toda la Iglesia.
  • Manifiesta la importancia del cumplimiento de este compromiso comunitario: todo cristiano debe tener claro que la Iglesia no es superflua, sino radicalmente necesaria.
  • El decreto promueve una visión histórico-salvífica y trinitaria de la misión, y en él inserta la misión de la Iglesia, la cual se sitúa en el corazón del plan salvífico de Dios. De este modo, si toda la Iglesia es misionera, todos los miembros del pueblo de Dios deben asumir su responsabilidad particular.
  • El testimonio de vida del cristiano es un elemento indispensable y fundamental para la evangelización. Debe ser practicado por todos los discípulos de Jesús donde quiera que vivan, de manera que todos los demás, al observar su conducta y obras, glorifiquen a Dios.
Bibliografía

A. Santos, Decreto sobre la actividad misional de la Iglesia, Apostolado de la Prensa, Madrid 1966; VV. AA., El decreto “Ad gentes”: desarrollo conciliar y recepción posconciliar, Facultad de Teología del Norte de España, Burgos 2006; W. Henkel, “Bibliografía sul decreto: Ad gentes (1975-1985)”, en Euntes Docete 39 (1986) 263-274.

Miguel Ángel Medina